Un hombre gobierna Guatemala, pero no se llama Jimmy Morales

A menos de una semana de estrenarse en el cargo, el presidente guatemalteco es ya el hombre de paja del verdadero poder: Estados Unidos y la guerrilla marxista.

El presidente de Guatemala Jimmy Morales llegó a la presidencia como outsider y opositor a la élite política tradicional, solo para doblegarse ante Estados Unidos (Presidencia El Salvador)

Por si acaso usted no lo sabía, Guatemala pasó por grandes aprietos en 2015. Sus líderes fueron destituidos y encarcelados bajo acusaciones de corrupción. Y como vieron claramente la Organización de Estados Americanos y otros entes, la decapitación, literalmente hablando, de la sociedad fue parte de un intento de suspender las elecciones en ese país.

A pesar de ello, el pueblo guatemalteco abarrotó las urnas electorales y le dio una patada al establishment, eligiendo a un presidente que nunca había tenido un cargo público. Ahora que el nuevo Gobierno ha asumido el poder, sus líneas maestras se ven claramente, y es momento de felicitar al hombre a cargo.

¡Ave, César! El nuevo líder de Guatemala es el presidente Barack Obama.

Sabemos que suena extraño —y debemos admitir que el hombre a cargo afirma que ese no es su estilo. Reproducimos lo que Obama dijo al mundo en su reciente y último discurso sobre el Estado de la Unión:

“En el mundo de hoy, estamos menos amenazados por los Imperios del Mal, y más por los Estados fallidos. Depende de nosotros, los Estados Unidos de América, contribuir a rehacer ese sistema”.

Parcialmente, la frase de Obama es verdadera. Estados Unidos, bajo su presidencia, no está amenazado por los Imperios del Mal, porque él mismo es el Imperio del Mal.

En sus acuerdos con Cuba, Obama quiere suplantar a Venezuela como poder regional. Eso es sencillo, comparado con América Central, donde está tratando de lograr lo que ni siquiera consiguieron Castro y los soviéticos. Está construyendo una base de poder marxista para toda la región.

La evidencia de esta política de Obama es tan consistente que solo puede ser ignorada por quienes son genuinamente ignorantes sobre el tema, o por aquellos que quieren esconderlo. La facción internacional de simpatizantes de la guerrilla —comenzando por Obama y su embajador en Guatemala, Todd Robinson— se encuentran en esta última categoría, mientras muchos conservadores están en la primera.

Los simpatizantes de la guerrilla, que están ganando la pelea, no tienen por qué dar explicaciones. Son los conservadores, en Estados Unidos y Guatemala, los que no están haciendo su trabajo.

Para el beneficio de los conservadores honestos, donde quiera que se encuentren, aquí les damos un breve resumen de cómo Obama se ha convertido en el presidente en ejercicio de Guatemala.

Desde que llegó al poder, con Hillary Clinton como cómplice, Obama ha estado ayudando a los marxistas a construir una base de poder en el Gobierno de Guatemala. Por cerca de cuatro años, la fiscal General Claudia Paz y Paz, una simpatizante de la guerrilla durante toda su vida, minó la estructura legal del país mientras protegía las actividades de las milicias guerrilleras armadas —calificadas por las Naciones Unidas como “grupos de derechos humanos” — que hoy controlan muchas de las áreas rurales de Guatemala.

[adrotate group=”7″]Paz y Paz disfrutó de la protección desembozada de Estados Unidos. La piedra angular de su actividad, el enjuciamiento por genocidio contra el general Efraín Ríos Montt, fue vigorosamente apoyada por Estados Unidos; la Primera Dama Michelle Obama otorgó una condecoración del Departamento de Estado al juez que presidía la causa, pese al hecho de que el veredicto fue desestimado por la Corte Constitucional de Guatemala por violar los derechos constitucionales del acusado.

Paz y Paz era rechazada rotundamente en su propio país, y no logró ser reelecta en el cargo; su destitución enojó a los funcionarios estadounidenses, que, eventualmente, se opusieron a esta apoyando la incriminación del presidente y la vicepresidenta en cargos de corrupción que muy probablemente no podrían probarse en un juicio con el debido proceso. El agente de esa causa fue la denominada comisión anticorrupción, o Cicig, designada por las Naciones Unidas y respaldada insistentemente por Estados Unidos.

El golpe que Estados Unidos y la ONU trataron de lograr —“posponer” las elecciones a favor de una reforma convenida para ser realizada por los antiguos políticos del país, o marxistas veteranos— quedó frustrado por la enorme concurrencia de votantes. Jimmy Morales, un excomediante de TV, arrasó con un grupo de figuras establecidas, que incluía a la exprimera Dama y simpatizante de la guerrilla Sandra Torres.

Desde el momento de la victoria de Morales, la política de Estados Unidos ha tenido una misión con un solo objetivo: Impedirle gobernar efectivamente.

Dada la inexperiencia de Morales, y la mañosería de sus oponentes —con el aplastante peso del poder estadounidense, que por primera vez sirve a una agenda marxista— el resultado estaba preestablecido. A una semana de asumir el cargo, el 14 de enero, Morales era un tigre de papel, cara a cara ante la realidad.

En su paquete de ayuda al exterior de final de 2015, Estados Unidos había establecido una docena de condiciones para Guatemala. Cuatro de ellas son especialmente reveladoras: la quinta condición es que se debe hacer especial énfasis en el enjuiciamiento de antiguos militares y oficiales de policía que sean “creíblemente acusados” de violaciones a los Derechos Humanos. Esa condición, ilegal desde varios ángulos, crea un incentivo obvio, que el Gobierno ha seguido sin perder tiempo.

La séptima condición, “cooperar con las comisiones anti-impunidad” y “los grupos de Derechos Humanos” es un respaldo directo a la Cicig y las milicias guerrilleras. La novena condición, limitar el rol del Ejército en el mantenimiento de la paz, es un apoyo adicional a las milicias, que normalmente superan a la policía en poder de fuego.

Pero la más reveladora de todas es la octava condición, que ordena reformar a favor de la “igualdad” económica, en vez de la libertad económica. Está condición sale directamente del libro de juegos de Obama. Apoya a las milicias, que combaten la libertad económica en nombre de la igualdad.

Al comentar la posición de su país, el embajador Robinson dijo a un periódico guatemalteco que “no veo intromisión del Gobierno estadounidense”.

Al hacer ese comentario, el embajador es como el preso político cubano a quien sus compañeros de celda, a sus espaldas, llaman “gordo estúpido”. El hombre pretendía ser como los otros reos, pero mientras estos estaban en los huesos, “el gordo estúpido” estaba absurdamente bien alimentado. Solo podía ser un soplón, y nadie podía decírselo en su cara.

La verdad desnuda es que la presidencia de Morales, con solo días, se ha alineado con las condiciones estadounidenses. La designación inicial para un cargo de Inteligencia del ministerio de Gobernación fue vetada por el presidente provisional saliente porque el designado —Oscar Platero, un capitán retirado del Ejército— no tenía buenas relaciones laborales con la Cicig.

A todo evento, Platero era el hombre apropiado para el trabajo. Su despido demostró que Estados Unidos tiene poder de veto en todas las designaciones oficiales, lo cual es irónico, considerando su exigencia de combatir la corrupción y la impunidad.

Morales ha renunciado a elegir a sus propios colaboradores. El nuevo ministro del Interior es un “mini-me” de Paz y Paz, del Ministerio Público, quien llama a la gente “camarada”. Los medios proguerrilla se están jactando por esta situación, e identifican como una de sus causantes a la embajada de Estados Unidos.

Una milicia guerrillera, el Comité de Unidad Campesina o CUC, sirve como mediador ahora en disputas de propiedad. Dado que el CUC es también un perpetrador de confiscaciones de tierras, significa que el zorro es ahora el que cuida el gallinero.

Finalmente, se han producido arrestos masivos de exoficiales militares; los oficiales, contra la Ley, están siendo acusados por crímenes presuntamente cometidos hace 30 o 40 años. De nuevo, esto está en sintonía exacta con las líneas de la ayuda estadounidense, que ahora están creando caos y ruptura social.

Los simpatizantes de la guerrilla en Guatemala, y fuera del país se complacen de esta situación. Es hora de que los conservadores —a quienes definimos como amigos de los mercados abiertos y el estado de Derecho— den un paso al frente. Roma está en llamas. Si ustedes creen que la elección en Estados Unidos es más importante, aclaren sus dudas sobre Roma y llévenla a las mesas electorales con ustedes. Sería estupendo, y ayudarían a muchas personas con ello.

Este artículo fue publicado antes por el PanAm Post.
David Landau contribuyó a este artículo.

Steven Hecht

Steven Hecht

Editor at Large

Steve Hecht is a businessman, writer, and film producer, born and raised in New York. He has lived and worked in Guatemala since 1972. He holds a Bachelor of Arts in Economics and a Master of Business Administration in Banking and Finance, both from Columbia University. He has worked on development projects in Guatemala to help the country leave its underdeveloped state and reach its great potential. Realizing the misconceptions prevalent about Guatemala and Latin America in the outside world, he has written for the Daily Caller, Frontpage Mag, New English Review, PanAm Post, and PJ Media and appeared as a guest on national American media programs including the Lars Larson show. Steve’s reporting has included meeting with coyotes, the human smugglers who have ferried millions of illegal immigrants into the United States via Guatemala’s 595-mile border with Mexico.

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