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Cuatro desafíos para la cooperación en seguridad entre Estados Unidos y Ecuador

Acciones complementarias clave incluyen reforma penitenciaria, recuperación territorial, respaldo regional y apertura a la extradición

ecuador
La asistencia extranjera por sí sola no resolverá las debilidades estructurales que permitieron que el crimen organizado floreciera. (Andrés Sebastián Díaz)

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Ecuador estuvo en el foco mundial a inicios de marzo cuando la revista Time incluyó al país en su edición titulada “La guerra de Trump”. La portada mostraba ocho gorras rojas con el lema Make America Great Again, reemplazando America con el nombre de un país diferente. Ecuador estaba entre ellos.

El artículo de Time se centró en la ofensiva militar del presidente Donald Trump en Teherán. Sin embargo, también señaló las operaciones militares conjuntas en curso entre Estados Unidos y Ecuador dirigidas contra organizaciones designadas como terroristas. El primer ataque cinético, según informes, tuvo lugar el 6 de marzo.

 

Un día después, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa asistió a la Cumbre Escudo de las Américas en Miami, Florida, convocada por Trump. La reunión dio como resultado la creación de una alianza regional de 13 países para combatir el crimen organizado transnacional.

Los países socios no han revelado más detalles sobre el acuerdo. Sin embargo, Ecuador aparentemente está asumiendo un papel clave en la seguridad regional, dado que países vecinos como Colombia y Perú no forman parte de la alianza.

A medida que Ecuador entra en una nueva fase de cooperación en seguridad con Estados Unidos, el país debe abordar cuatro desafíos para asegurar resultados duraderos. 

1. Las cárceles ecuatorianas están en complicidad con el crimen organizado.

En enero de 2026, el hacinamiento carcelario superó el 34%, frente al 13% en 2023. Pese a incrementar el número de presos, Ecuador registró la tasa de homicidios más alta de su historia en 2025, alcanzando 50,9 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Esto sitúa a Ecuador entre los países con mayores niveles de homicidio, siendo los centros costeros los principales escenarios de guerra entre bandas.

Estas cifras evidencian las deficiencias del sistema penitenciario. Durante las últimas dos décadas, las cárceles ecuatorianas se han convertido en centros de comando de grupos organizados delictivos. Líderes de bandas han corrompido a administradores y coordinado narcotráfico, extorsiones y sicariatos desde dentro de prisión.

Sin una reforma significativa, los nuevos arrestos harán poco para desmantelar las estructuras criminales. Las medidas necesarias incluyen rotación asidua del personal penitenciario, el aislamiento de líderes criminales y la separación de quienes hayan sido acusados de delitos no violentos. Mantener a los presos de bajo riesgo en instalaciones específicas, junto con programas ágiles de reinserción, reducirían el reclutamiento dentro de las cárceles.

2. Los grupos criminales evaden la acción estatal fragmentándose y adaptándose.

Trump afirmó que el acuerdo Escudo de las Américas es “un compromiso para usar fuerza militar letal para destruir cárteles siniestros y redes terroristas”. Este tipo de estrategias suele fragmentar a los grupos armados, debilitándolos temporalmente, pero creando oportunidades para que surjan nuevas facciones.

Desde enero de 2024, cuando la administración de Noboa declaró un conflicto armado interno contra los grupos criminales en Ecuador, las bandas se han multiplicado rápidamente. Al menos 12 grupos disidentes han surgido de las cuatro principales organizaciones: Los Tiguerones, Los Chone Killers, Los Lobos y Los Choneros.

Para asegurar su supervivencia y expansión, estas facciones suelen aliarse con organizaciones criminales transnacionales, abriendo la puerta a nuevos actores en el país. Por ejemplo, Los Lobos surgieron como disidentes de Los Choneros —vinculados al Cártel de Sinaloa—. Posteriormente, Los Lobos se alinearon con el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Para evitar que los grupos disidentes llenen vacíos de poder, las autoridades deben implementar planes de contingencia. Tras desmantelar una red o capturar a un líder, deben desplegar de inmediato protocolos de control territorial.

3. El Escudo de las Américas carece de suficientes miembros.

Cuando Estados Unidos y Colombia implementaron el Plan Colombia entre 2000 y 2015, el cultivo y tráfico de drogas disminuyeron dentro de Colombia. Sin embargo, gran parte de esa actividad se trasladó a Ecuador, en particular las exportaciones de cocaína hacia Europa y Estados Unidos.

La falta de coordinación transfronteriza y de alineación de agendas políticas permitió que las redes criminales se expandieran dentro del territorio ecuatoriano. Las bandas locales se convirtieron en socios logísticos clave de poderosos cárteles, incluidos grupos mexicanos y albaneses.

A medida que Ecuador ha intensificado su lucha contra el crimen organizado, el patrón parece repetirse. Las actividades criminales ya se están trasladando a Perú. Para evitar un mayor desplazamiento, Ecuador debería promover la participación de Colombia, Perú y México en el Escudo de las Américas.

4. La extradición a Estados Unidos es poco frecuente.

En la década de 2000, Colombia utilizó ampliamente la extradición, enviando a cientos de narcotraficantes a Estados Unidos. Dado que muchos temían más las cárceles estadounidenses que el procesamiento interno, esta política debilitó las estructuras de liderazgo de los cárteles.

Dada la infiltración del crimen organizado en el sistema judicial, Ecuador debería ampliar el uso de la extradición hacia Estados Unidos, incluso si esto implica reformas legales y constitucionales. Esto podría desarticular las estructuras de mando de los grupos criminales y limitar la capacidad de los líderes encarcelados para seguir operando.

El apoyo de Estados Unidos puede proporcionar a Ecuador inteligencia, capacidades operativas y presión internacional contra las redes criminales. Sin embargo, la asistencia extranjera por sí sola no resolverá las debilidades estructurales que permitieron que el crimen organizado floreciera en primer lugar.

Para revertir la trayectoria de la violencia, Ecuador debe combinar la cooperación del Escudo de las Américas con reformas institucionales, reestructuración penitenciaria y una coordinación regional más amplia. Medidas adicionales, fuera del alcance de este artículo, incluyen un mayor control financiero y reformas regulatorias que reduzcan los incentivos para la actividad en mercados negros.


This article reflects the views of the author and not necessarily the views of the Impunity Observer.


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