La vida de un héroe

Decimoctavo fragmento de “Hermanos de vez en cuando”

Al norte de La Habana

El Estrecho de la Florida, visto desde el Malecón de La Habana (foto 2002).

No somos moneditas de oro

A fines de octubre, Plinio había organizado en La Habana sus líneas de suministro, mientras que Brand había obtenido de sus contactos con la CIA la promesa de entregas de armas en el Escambray. Plinio estaba listo para partir hacia su nuevo escondite, que nunca había visto y cuya ubicación precisa desconocía. Debía viajar al centro de la isla y encontrarse con un escolta que lo llevaría al campamento.

Al despedirse en La Habana, Brand abrazó a Plinio y le dijo:

—Si mueres y alcanzo el poder, le daré cien mil dólares a tu familia. Si muero y alcanzas el poder, le darás cien mil dólares a mi familia.

Amparo Posada, esposa de Plinio, con David Landau, 2002.
Amparo Posada, esposa de Plinio, con David Landau, 2002.

La esposa de Plinio, Amparo, negó con la cabeza.

—¡No digas eso! ¡Ninguno de ustedes va a morir!

Algunos días después, Brand caminaba por La Habana cuando se encontró con otro compañero que le brindaba ayuda ocasional a él y a Plinio. El otro hombre lo apartó a un lado.

—Malas noticias. En su camino hacia el escondite, Plinio fue capturado por la milicia.

Brand se quedó en silencio. Las tropas de la milicia eran “el pueblo armado”, voluntarios que iban a donde el régimen los mandara.

Después de una pausa, el otro hombre dijo:

—Eso no es todo. También capturaron un lanzamiento de armas en trece paracaídas.

Ahora Brand tenía motivos para hablar con las Brujas de Macbeth. ¿Qué había salido mal?

Plinio Prieto
Plinio Prieto, héroe desconocido de la resistencia anti-Castro.

Según una mejor información que Brand recibió más tarde, Plinio y su compañero, al llegar al Escambray con su transmisor de radio, no pudieron establecer contacto con sus camaradas que huían de un gran contingente de las tropas del Ejército Rebelde.

Plinio y su compañero se unieron con otro grupo de luchadores de la resistencia. Pasaron varios días caminando en las montañas con su pesado equipo de radio. Mientras se escondían en una cooperativa agrícola, se encontraron con un escuadrón de soldados de la milicia e intercambiaron disparos con ellos.

Escondidos en una espesa vegetación al amparo de la noche, intentaron establecer contacto por radio con Estados Unidos para retrasar la caída de los lanzamientos de armas, pero sus transmisiones no llegaron y el avión voló esa noche sobre el campamento ocupado, dejando caer las armas en manos enemigas.

hermanos luluLos hombres se dividieron en grupos separados. Plinio y otro compañero fueron capturados en la ciudad de Cumanayagua.

Otra información vino del hombre arrestado con Plinio. Al parecer, la Policía los había recogido a los dos por casualidad. Cuando Plinio fue llevado al carro patrullero, la Policía notó que tenía los pies cubiertos de sangre. Los prisioneros estaban detenidos en un calabozo cuando alguien entró en la estación y exclamó: “¡Oye! ¿Sabes quién es ese?”.

Lo llevaron a juicio de inmediato y la conclusión fue inevitable. Plinio estaba tan tranquilo ante su destino, o tan aburrido con el rigor verbal de la corte, que se quedó dormido en medio de su propio juicio.

Condenado a muerte y esperando ser fusilado, Plinio vio a través del ventanuco en la puerta de su celda a uno de los oficiales que lo arrestaron. Consistía en un puro acto de crueldad; el policía invadía la privacidad de un condenado a muerte para observar su adversidad.

Al ver la cara del policía en la puerta, Plinio comenzó a silbar una melodía popular:

No soy monedita de oro
Pa’ caerle bien a todos
Así nací y así soy
Si no me quieren, ni modo

El policía, o eso dijo más tarde el camarada de Plinio, se mortificó. Por importantes que pudieran ser las acciones de Brand en La Habana, no eran el quid de su estrategia. La acción principal era tomar una zona en el centro de la isla, desconcertar al Gobierno, generar confusión y dar un pretexto para que fuerzas externas ingresasen y terminaran la diversión.

Con la caída de Plinio, el plan quedaba en ruinas. Todo debía ser repensado y montado nuevamente desde cero. Esa empresa no era posible en La Habana. Brand se vio obligado a consultar directamente con J. B. en Washington.

Esta selección es de Hermanos de vez en cuando de David Landau. El libro, incluido todo el material que contiene, tiene copyright 2021 de Pureplay Press.

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David Landau

David Landau, the Impunity Observer's contributing editor, is the author of Brothers from Time to Time, a history of the Cuban revolution.

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