Noches en los jardines de La Habana

Primer fragmento de "Hermanos de vez en cuando"

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La Habana, 1950. La foto de arriba presenta a los cuatro actores principales de esta historia, más otro que hará una contribución crucial.

“Inspirada en una historia real” es una frase que se leerá muchas veces al inicio de estos relatos, aunque resulta que cada historia de la humanidad es una historia real, hasta las apócrifas, a menudo más meritorias que las señaladas como verdades literales.

Dicho esto, el presente trabajo es una historia que apunta a la verdad literal. Todos los personajes son retratos reales. Ninguno es ficticio. Todos llevan los nombres que tuvieron en vida, incluidos los apodos, nombres de mascotas y nombres clandestinos.

Casi todo proviene de la experiencia directa y del testimonio de los personajes principales. Todos los diálogos son recuerdos de primera mano. La imaginación se usa para figurar cómo eran las cosas; nunca para construir alternativas.

Es sorprendente la cantidad de material apócrifo que contienen obras venerables de la historia. A propósito de veneración, los únicos que la persiguen en esta historia son los jefes de Estado, que van y vienen.

Los principales participantes de esta historia no fueron presidentes ni nada parecido. Durante su vida tuvieron sueños de gloria, pero ahora, si pudieran hablar desde el más allá, solo pedirían la verdad. Incluso cuando buscaban la gloria, fueron obsesivamente fieles a los hechos. Pagaron un alto precio por sus escrúpulos. Lo menos que uno puede hacer al escribir una historia sobre ellos es seguir esa misma norma.

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La Habana, circa 1950. La foto de arriba muestra a los cuatro actores principales de esta historia. Además, otro personaje haría una contribución crucial.

En el centro se encuentra Adolfo Rivero Rodríguez (1904-1975), corresponsal de un periódico cubano. En 1950 se desempeña como jefe del cuerpo de prensa acreditado en el Palacio Presidencial. Fuera de la familia le dicen “Riverito” y familiarmente “viejo” o “papá”.

Largo fue el camino que Riverito transitó hasta esa mesa. Nació en una familia de campesinos en la provincia de Camagüey, donde el padre y sus hijos cultivaban la tierra. El más joven de nueve hijos, Riverito deseaba otra vida.

A los doce años, después de una paliza que le propinó su hermano mayor cumpliendo la voluntad del padre a la antigua usanza, Riverito huyó de su casa. No regresó al día siguiente. Más tarde su familia se enteraría de que había atravesado cientos de kilómetros hasta la soñada ciudad de La Habana, donde aprendió a ser un ciudadano productivo.

Riverito nunca rompió con su familia. Justo al cumplir los veinte años de edad, en la boda de una hermana mayor, él se enamoró de Delia Caro, a la sazón de quince años, hija del novio de su hermana. En un dos por tres se casaron y tuvieron a su primer hijo Emilio Adolfo (Emi), quien nació en la casa de un antiguo némesis: el hermano mayor de Riverito.

Riverito llevó a su joven familia a La Habana, donde disfrutó de una mejor oportunidad que la de aquella campiña deprimida. Se ganó la vida como fotógrafo en los cafés de la ciudad y como recadero del editor de un periódico. En 1933 consiguió trabajo de reportero asistente en el Palacio Presidencial.

Para 1950, Riverito es uno de los principales periodistas del país, amigo de presidentes y notables actores de la política cubana. Poco tiempo después, cuando cumple su término como jefe del cuerpo de prensa presidencial, sus colegas periodistas le regalarán una placa que menciona sus cualidades: “dinámico, nervioso, incansable, servicial”.

En la foto, junto a Riverito, está su esposa Delia Caro Valdés (1912- 1983), casi siempre llamada “vieja” o “mamá”. Brillante y hermosa, con una impresionante energía personal, ella es el principal motor de la familia, ante la que todos ceden.

Al lado de la vieja aparece su hijo menor, Adolfo Rivero Caro (1935-  2011), un muchacho en contemplación de lo ignoto. Tímido y reservado, oculta una gran ambición mientras hace apuestas para su padre y su tío en los partidos de jai alai de La Habana. En pocos años se convertirá en revolucionario comunista.

Frente a Adolfo está su hermano mayor y casi tocayo, Emilio Adolfo, al que llaman Emi (1928-2016). Abogado y periodista, Emi todavía es prisionero de su padre. Dos años después, cuando Fulgencio Batista toma el poder con un golpe de Estado, Emi se lanzará por su cuenta. En el fondo, Riverito es un cortesano, mientras que su hijo mayor, un insurgente. A lo largo de la década de los cincuenta Emi luchará por el derrocamiento de Batista. A partir de 1959, cuando un nuevo gobernante llega al poder con otro golpe de Estado y muestra sus colores, Emi luchará aún más para derrocar a Fidel Castro.

En la foto, junto a Emi, está su esposa Lizbet, que no es su nombre verdadero sino el de la hermana del filósofo Friedrich Nietzsche. Emi la rebautizó así durante su romance en la secundaria. Ahora, con un hijo pequeño también llamado Emilio, ambos abandonan el mundo de sus dioses y héroes en medio de las luchas propias de una familia joven.

Pasados unos años, con Adolfo unido al comunismo, orientación política rechazada por la familia, y Emi prometiendo “morir en la calle si fuera necesario”, Riverito y la vieja se preguntarán, en palabras de Emi: ¿De dónde vienen estos seres? ¿A quiénes les dimos vida?

Vienen de un vórtice, aún invisible, que está a punto de devorar a su sociedad.

Esta selección es de Hermanos de vez en cuando de David Landau. El libro, incluido todo el material que contiene, tiene copyright  2021 de Pureplay Press.

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David Landau

David Landau

David Landau, the Impunity Observer's contributing editor, is the author of Brothers from Time to Time, a history of the Cuban revolution.

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