Lo que dijo Marco Rubio vale la pena repetir

Más líderes valientes deben oponerse al asalto marxista en Estados Unidos

Marco Rubio marxismo

Estados Unidos está ahora atrapado entre su principio fundacional del individualismo y el principio ajeno del colectivismo. (Flickr)

Read in English.

La versión original en inglés se publicó primero en BizPac Review

El senador republicano por Florida Marco Rubio ha sido criticado por decir la verdad: Estados Unidos está bajo un asalto marxista. Tras ser desacreditados, los comunistas cambiaron de estrategia para disfrazar su verdadera naturaleza y objetivo. La amplia categoría que incluye el marxismo es el colectivismo, que, si no se revierte en una etapa suficientemente temprana, conduce al totalitarismo.

El colectivismo es una teoría política y económica que defiende el control colectivo, especialmente sobre la producción y la distribución. La teoría marxista original abogaba por la propiedad estatal de los medios de producción, es decir, acabar con la propiedad privada. Los que rechazan el capitalismo se autodenominan de muchas maneras. Han aprendido que apropiarse de los medios de producción es innecesario. Las regulaciones gubernamentales pueden hacer que la propiedad privada carezca de valor.

Únicos en el mundo, los fundadores de Estados Unidos reconocieron que el Creador nos otorga derechos inalienables que solo pueden ser restringidos mediante el debido proceso legal. La base de la sociedad es el individuo. Todas las personas son creadas iguales, lo que se refiere a la igualdad de derechos, mas no a la igualdad de resultados (equidad).

El individualismo supone que los gobernantes abusarán de su poder y crea una estructura —la separación de poderes y el debido proceso— para limitarlo. El colectivismo da por sentado que el Gobierno es digno de confianza y vela por los intereses del pueblo. El bien del colectivo es primordial, y los individuos están subordinados a él. El individuo no tiene derechos procesales.

Estados Unidos está ahora atrapado entre su principio fundacional del individualismo y el principio ajeno del colectivismo. Las políticas identitarias son colectivistas. La falsa narrativa del racismo sistémico obvia la necesidad del debido proceso, como para un agente de policía blanco en un altercado con una persona negra. La culpabilidad automática, independientemente de los hechos y de la ley, está al servicio de la conquista colectivista.

La Constitución, basada en el individualismo, es un obstáculo para el colectivismo de la clase dirigente actual. Los dos sistemas son incompatibles. Esto coincide con la declaración que Rubio dio en la conferencia de Faith and Freedom Coalition el 18 de junio: “Si no nos enfrentamos a esto [el marxismo] ahora, lo llamamos por lo que es y lo derrotamos, destruirá este país y todo lo que lo ha hecho especial”.

Dado que el colectivismo se construye sobre premisas falsas que contradicen la naturaleza, debe suprimir el debate y la disidencia para evitar su exposición. Izvestia y Pravda de la Unión Soviética monopolizaron la información pública, al igual que Granma en Cuba. El New York Times, el Washington Post, la ABC, la NBC, la CBS y la CNN dominan los medios de comunicación tradicionales. Aunque carecen de monopolio, operan en sintonía, difundiendo información falsa y suprimiendo la verdad para promover la agenda colectivista de sus propietarios. Como resultado de la polarización, sus audiencias se autopropagan y se aíslan de los medios alternativos.

El individualismo no teme, sino que acoge el debate como algo necesario para el progreso humano. Para desacreditar a quien se le opone, el colectivismo practica la polarización mediante la demonización. En su obra emblemática de 1971, Rules for Radicals, Saul Alinsky escribió: “Todas las cuestiones deben ser polarizadas… Uno actúa con decisión solo cuando está convencido de que todos los ángeles están en un lado y todos los demonios en el otro… Explotamos [el racismo] para nuestros propios fines”.

Los marxistas estadounidenses escogieron la raza hace más de 50 años como su tema predilecto para dividir y conquistar el país. En contra de su narrativa, las relaciones raciales entre los estadounidenses han mejorado drásticamente, lo que confirman muchos líderes negros. Consciente de que la mayoría de los estadounidenses no son racistas y no apoyarían a sabiendas el movimiento marxista, este ha cambiado su discurso y denuncia el “racismo sistémico”.

Para los marxistas, el sistema estadounidense es irreformable y debe ser destruido y reconstruido. Black Lives Matter (BLM), por ejemplo, cree en la justicia de Fidel Castro. Martin Luther King Jr. luchó contra el racismo, pero insistió en que la solución era estar a la altura de la aspiración de igualdad de la Declaración de Independencia.

El Ejército enseña ahora la teoría crítica de la raza, la cual es racista y colectivista. Joe Biden y los principales secretarios de su gabinete dicen que la mayor amenaza para el país es la supremacía blanca. Esta falsa narrativa forma parte de la demonización destinada a justificar la persecución de los opositores políticos por ejercer sus derechos constitucionales. Lo mismo se aplica a calificar la invasión del Capitolio del 6 de enero como una insurrección.

El evento del 6 de enero no tenía ninguna posibilidad de tomar el control del país ni pretendía hacerlo. Sin embargo, estaba dirigido contra la autoridad civil. Hay una gran diferencia. Los funcionarios de nuestro Gobierno juran proteger y defender la Constitución. La promesa del Partido Comunista Chino (PCC) es “sacrificar todo por el Partido… nunca traicionar al Partido”.

Actuando como el PCC, el régimen de Biden se sustituye a sí mismo por la Constitución y persigue a su oposición constitucionalmente protegida como si fueran terroristas domésticos. Simultáneamente, el régimen alienta y no persigue la violencia de sus socios BLM y Antifa. Biden utiliza la violencia y el caos para justificar el aumento del poder del Gobierno, como hizo el 23 de junio culpando a las armas. Así es como el marxismo ha conquistado países.

Uniéndose a Rubio, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, acaba de aprobar un proyecto de ley de educación contra “los males del comunismo y las ideologías totalitarias”. Debido a su gran población hispana que huyó del comunismo, Florida está a la cabeza del país en conciencia sobre ello.

Los estadounidenses, incluidos muchos que se oponen al régimen de Biden, no pueden imaginar que su país sucumba ante una dictadura. Los cubanos, venezolanos y nicaragüenses tampoco podían, pero sucedió. Debemos alentar y apoyar a más líderes valientes y perspicaces como Rubio y DeSantis para que se enfrenten a la intimidación colectivista.

 

Steven Hecht

Editor at Large Steve Hecht is a businessman, writer, and film producer, born and raised in New York. He has lived and worked in Guatemala since 1972. He holds a Bachelor of Arts in Economics and a Master of Business Administration in Banking and Finance, both from Columbia University. He has worked on development projects in Guatemala to help the country leave its underdeveloped state and reach its great potential. Realizing the misconceptions prevalent about Guatemala and Latin America in the outside world, he has written for the Washington Times, Daily Caller, Fox News, Epoch Times, BizPac Review, Washington Examiner, Frontpage Mag, New English Review, PanAm Post, and PJ Media and appeared as a guest on national American media programs including the Lars Larson Show. Steve’s reporting has included meeting with coyotes, the human smugglers who have ferried millions of illegal immigrants into the United States via Guatemala’s 595-mile border with Mexico.

More Posts