La fabricación de un genocidio para derribar a Efraín Ríos Montt
El anciano se paró del banquillo de los acusados, solo entre todos los espectadores. Una jueza lo encontró culpable y lo sentenció por genocidio. A la deriva, en un vasto espacio público que se parecía más a un auditorio que a un tribunal, el viejo titubeó y no tenía sobre quien apoyarse.





