Fuera de la revolución

Décimo fragmento de “Hermanos de vez en cuando”

Tres héroes cubanos: de izquierda a derecha, el comandante Huber Matos, Gregorio Ariosa y Emi Rivero. Los tres hombres permanecieron juntos unos cincuenta años como presos políticos en el campo de concentración castrista de la Isla de Pinos (ahora llamada Isla de la Juventud). Esta foto fue tomada en el estreno de la novela de David Landau sobre Cuba en 2002, No siempre gana la muerte.

La destrucción de los amigos

En el verano de 1959, todos menos uno de la familia Rivero salieron de La Habana hacia el extranjero.

Adolfo fue el primero en irse. Después de servir como líder juvenil del Partido Comunista en La Habana, ahora lo enviaban a Budapest como representante de Cuba ante la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD).

La asignación de Adolfo llegó en un momento de tensión extraordinaria. Las declaraciones de Emi a su compañero abogado Efrén, dichas como una artimaña, también tenían una parte de verdad: se decía que Fidel estaba preparando un gran golpe contra los comunistas. Los líderes del Partido hicieron un balance de los rumores; Adolfo tenía la impresión de que el Partido lo estaba enviando al extranjero para protegerlo.

Poco después, Emi llevó a sus padres al aeropuerto de Rancho Boyeros para una salida muy diferente. Los viejos vestían sus mejores prendas para un viaje que combinaba glamour y desesperación. Huían de un nuevo orden que casi los había expulsado. Su destino era Washington D. C., donde los esperaba una vieja amiga, Esther Guzmán, “Tatica”, abogada y residente en la capital de Estados Unidos. Unos años antes, Tatica había velado por Adolfo durante su estadía de un año en Georgetown. ¿Quién podría haber adivinado que recibiría a los padres de Adolfo tan pronto?

Emi permaneció en La Habana con su familia, que ahora incluía un hijo y una hija: Rubén de casi tres años y una precoz niña de un año, “Ermi”  —así era como ella pronunciaba su propio nombre, Irma. Su padre, encantado por los apodos, adoptó rápidamente Ermi como tal.

Emi se había unido a las filas de hombres felices y monótonos, invisibles para la crónica agitada conocida como historia. Era fácil creerle cuando decía que, por el bien de su familia, quería mantenerse alejado de los reflectores de la historia. Pero su carácter y la índole de la época hicieron de su camino líneas torcidas.

En octubre de 1959, una secuencia ominosa comenzó a desarrollarse cuando el comandante Huber Matos, el libertador de Santiago y uno de los oficiales más populares del ahora oficial Ejército Rebelde, renunció a su cargo como jefe militar de la provincia Camagüey. Matos publicó una carta abierta a Fidel expresando tristeza por la prevalencia de comunistas en cargos oficiales. Dijo que debía retirarse en conciencia, a la vez que prometía apoyo personal al líder de la revolución.

Matos había expresado sus puntos de vista con una gentileza extrema, porque quería mantenerse vivo políticamente. Pero su tono contenido no impidió que Fidel actuara con rapidez y fuerza. El líder ordenó al comandante Camilo Cienfuegos viajar a Camagüey y arrestar a Matos. Cuando Camilo llegó, Matos advirtió a su compañero más joven que cuidara de su propia vida. Luego Matos se entregó y se fue a La Habana bajo custodia.

hermanos luluPoco más de una semana después, el avión en que regresaba Camilo desde Camagüey a La Habana se perdió en el mar. Se dijo que una búsqueda masiva del avión no encontró nada. Mientras tanto, el hombre a cargo de la torre de control de Camagüey murió, aparentemente de un suicidio, mientras que en el Cuartel Militar de Columbia en La Habana, el capitán Cristino Naranjo —un oficial favorito de Camilo que había cuestionado abiertamente la versión oficial de la desaparición— fue ametrallado en un supuesto accidente.

Esas tres muertes nunca fueron resueltas. Pero Emi y otros que habían luchado contra Batista no tenían dudas. Camilo había sido el más popular y querido de los comandantes de la revolución. El descontento de Fidel ante las ovaciones prolongadas que se le daban a Camilo en las manifestaciones masivas fue claramente visible para los televidentes. Y ahora Camilo se había ido convenientemente, junto con dos posibles testigos. La mejor explicación parecía ser la obvia.

A partir de ese momento, Emi y sus amigos se excluyeron de la revolución. Cuando la revolución mataba a sus enemigos, era duro, pero comprensible. Cuando una revolución mata a sus amigos, no tiene perdón.

Esta selección es de Hermanos de vez en cuando de David Landau. El libro, incluido todo el material que contiene, tiene copyright 2021 de Pureplay Press.

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David Landau

David Landau, the Impunity Observer's contributing editor, is the author of Brothers from Time to Time, a history of the Cuban revolution.

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