La llamada de Trump no es nada comparada con la corrupción de Biden

El intervencionismo ha dejado secuelas en Ucrania y Guatemala

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Incluso luego de que Biden dejara su cargo, las embajadas estadounidenses en ambos países continuaron su corrupción. (Gage Skidmore)

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Los trapos sucios del ex vicepresidente Joe Biden salieron a la luz en el impeachment dirigido por el Senado estadounidense. Un video donde presume de su intervención e influencia en Ucrania le está pasando la factura.

Biden sacó provecho de la ayuda estadounidense para lograr la expulsión de un fiscal que investigaba al dueño de una empresa cuya junta directiva incluía a Hunter Biden. El Biden mayor igualmente presumió de su estatus de hombre clave en Guatemala, donde también sacó provecho de la ayuda estadounidense.

Incluso luego de que Biden dejara su cargo, las embajadas estadounidenses en ambos países continuaron su corrupción.

El presidente Donald Trump, luego de destituir a Marie Yovanovitch, embajadora en Kiev remanente de la era Obama, refutó así a la creciente crítica: “Tengo el derecho de contratar y despedir a embajadores… Quiero embajadores que yo haya escogido”. La Constitución le da la razón.

Como lo resaltó Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump, Yovanovitch apoyaba a Hillary Clinton en la elección de 2016. El fiscal general ucraniano alega que Yovanovitch continuó la táctica de Biden y dio al fiscal una lista de individuos que no debían ser imputados. Ella lo niega, pero el periodista John Solomon informó que un funcionario del Departamento de Estado ha confirmado la existencia de una lista.

El subsecretario de Estado George Kent, el encargado de negocios de la embajada en 2016, ha testificado acerca de la presión de la embajada sobre los fiscales ucranianos para proteger a tres personas. Dos de ellas “fueron criticadas por una corte ucraniana por interferir indebidamente en la elección estadounidense de 2016”. La otra ayudó al Centro de Acción Anticorrupción, el cual es financiado por una institución filantrópica de George Soros y por el Departamento de Estado.

Los sucesos acerca de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) —la cual puede agradecer a Biden su continuada existencia— son comparables a los sucesos acerca del Centro de Acción Anticorrupción. La creciente evidencia apoya el pedido de Trump de una investigación sobre la corrupción en Ucrania, incluyendo la de la embajada estadounidense.

Una columna de opinión en el Wall Street Journal afirmó que la CICIG “había socavado el imperio de la ley y paralizado la economía [de Guatemala]”. El expresidente guatemalteco Jimmy Morales informó a las Naciones Unidas en 2018 sobre el actuar de la CICIG en manipulación de testigos, negociaciones ilegales con delincuentes convictos, uso de testigos falsos, y escuchas telefónicas y encarcelamientos ilegales.

Cuando era vicepresidente, Biden viajó a Guatemala tres veces entre 2014 y 2015 para insistir en la continuación de la CICIG. Utilizando el dinero la Alianza de la Prosperidad, Biden dejó claro al presidente guatemalteco, tanto en público como en privado, que “solo hay un camino para Guatemala… que la CICIG se quede”.

La CICIG, apoyada por Soros, se convirtió en una herramienta del entonces embajador Todd Robinson para imponer el socialismo en Guatemala. Él usaba la amenaza de investigaciones para forzar la reelección de un aliado socialista en la corte más alta de Guatemala. Con el control de la justicia guatemalteca, la embajada encarcelaba a opositores políticos sin pruebas y violando la ley.

A diferencia de Ucrania, hasta el momento no hay evidencia de algún interés financiero de Biden en Guatemala. Su interés era más bien ideológico —y más destructivo. La intervención de Biden redujo las oportunidades económicas y aumentó la violencia y el flujo de migrantes y drogas desde y a través de Guatemala, la única ruta terrestre desde América Central y del Sur hacia Estados Unidos.

En contraste a la imagen de moderado que proyectan Biden y sus simpatizantes, sus acciones en Guatemala demuestran que él ejecuta el programa socialista de su partido con entusiasmo.

Biden siguió apoyando a la CICIG luego de dejar el cargo, incluyendo el respaldo en la elección de 2019 a la ex fiscal general que cumplía las órdenes de la CICIG y la embajada criminal. Ahora prófuga y fuera de Guatemala, ella tiene una orden de arresto por malversación. Muchos demócratas, incluyendo las congresistas Norma Torres y James McGovern y los senadores Patrick Leahy y Ben Cardin, siguen apoyando a la CICIG y la alta corte corrupta guatemalteca.

Yovanovitch se mantuvo como embajadora dos años luego de la asunción de Trump. Robinson continuó la política de Biden hasta que dejó Guatemala a fines de 2017. Los camaradas del Departamento de Estado lograron reemplazarlo con Luis Arreaga, quien retomó el camino de su predecesor.

Arreaga, quien se ha puesto del lado de los demócratas, intentó sin éxito sabotear el acuerdo de tercer país seguro entre Trump y Morales. Para la visita a Guatemala de la líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, con una delegación legislativa demócrata, Arreaga organizó una reunión donde Pelosi se tomó una fotografía con dos juezas socialistas. Esto envió un mensaje de apoyo a las autoridades corruptas que trabajan con Arreaga en pos del socialismo.

Pese a ser nombrado durante el mandato de Trump, Arreaga le ha traicionado como embajador. Así como Trump hizo con Yovanovitch, debería sacarlo inmediatamente del cargo. Esto ayudaría a Estados Unidos y a Guatemala a desactivar el complot socialista.

Los burócratas permanentes del Departamento de Estado son cómplices de los demócratas y los medios corruptos para promover sus fines y socavar a Trump. Los funcionarios nombrados por Trump que contrariaron a este grupo se convierten en el blanco de noticias falsas y acciones legislativas por parte de Demócratas. El Estado profundo es real y poderoso; se protege y se perpetúa en pos del globalismo y el socialismo.

Dado que el Senado decidió no convocar a testigos con respecto a Ucrania, lo que hubiese levantado el velo sobre el Estado profundo, los comités del Senado deberían investigar a Biden y la interferencia en la elección de 2016. Los demócratas y sus medios gritarían, mentirían y acusarían para ocultar la verdad, pero esto crearía más conciencia popular y ayudaría a poner fin a sus planes corruptos.

Steven Hecht

Steven Hecht

Editor at Large

Steve Hecht is a businessman, writer, and film producer, born and raised in New York. He has lived and worked in Guatemala since 1972. He holds a Bachelor of Arts in Economics and a Master of Business Administration in Banking and Finance, both from Columbia University. He has worked on development projects in Guatemala to help the country leave its underdeveloped state and reach its great potential. Realizing the misconceptions prevalent about Guatemala and Latin America in the outside world, he has written for the Washington Times, Daily Caller, Fox News, Washington Examiner, Frontpage Mag, New English Review, PanAm Post, Epoch Times, and PJ Media and appeared as a guest on national American media programs including the Lars Larson Show. Steve’s reporting has included meeting with coyotes, the human smugglers who have ferried millions of illegal immigrants into the United States via Guatemala’s 595-mile border with Mexico.

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